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domingo, 12 de mayo de 2013

Su mayor cambio.


-¡Eh, tú, mira por donde vas! -gritó el chico.
          Ella, como siempre se agachó para coger sus libros que el chico le había tirado al chocar con ella. Colocó sus gafas en su sitio y, al levantarse, vio que todo el instituto se reía de ella.

           Estaba acostumbrada pero al mismo tiempo harta. Era la nerd del colegio, la estudiosa que siempre saca dieces y se pasa los recreos encerrada en la biblioteca sin amigas ni amigos. La típica chica que los demás se aprovechan de la poca valentía que tiene para burlarse de ella.

          Quería cambiar, pero tenía demasiado miedo. Era una nerd, y lo seguiría siendo, fuese a donde fuste. Ella era muy callada. No hablaba por miedo a lo que le diría. Ella se aguantaba, aguantaba todas esas veces que se burlaban de ella, siempre callada. Era el día a día. Y, como siempre llevaba libros con ella, todos los demás se "tropezaban accidentalmente" con ella y se reían, posteriormente, de ella.

         Siempre era así. Era una tortura que ella no aguantaría mucho más. Las populares del colegio la pisoteaban y se burlaban de ella y... "¿Por que? ¿Por no llevar ropa nueva? ¿No ser popular? ¿No maquillarse? ¿No ponerse pantalones tan cortos que no tapaban nada? ¿Por eso? ¿En que mierda de sociedad vivimos si nos critican por como vistes y como te comportas?" Eran preguntas que cintínuamente ella se hacía.
 
         Se levantó del suelo con sus libros y siguió andando, siempre con la cabeza baja. Las clases siempre eran iguales: Algún insulto que otro y críticas hacia ella.

         Cuando al fin se acabó las clases y sonó el timbre, ella fue de las primeras en salir de allí para echar a correr hacia su casa antes de que alguien la pillara. Corría y corría rápidamente hasta llegar a casa. Llegó pronto, pues tenía mucha resistencia y corría rápido.

          Antes de abrir la puerta, se relajó. Al entras , sus padres le sonrieron.

          Ellos eran pobres, pero felices. Su madre, Ariadna era quien barría las calles del pueblo y su padre, Estefan, trabajaba en una pequeña fábrica. No les pagaban mucho, pero lo suficiente para vivir y algunas veces comprar algún que otro capítulo.
     
           Ella le sonrió a sus padres como todos los días, falsamente. Pasó rapidamente por la pequeña cocina para llegar a su habitación. Se sentó y suspiró, quitó sus gafas y pasó sus manos por la cara. Estaba cansada de esto.
   
           Salió da la habitación, dejando su mochila sobre la cama y volvió a la cocina. En ella le esperaban sus padres sentados en la cocina comiendo tranquilamente mientras hablaban. Se sentó, como todos los días al lado de su madre y empezó  a comer, callada.

           -Hija -le dijo su made al cabo de un rato- hemos estado ahorrando dinero y, como miramos que tenemos bastante, queremos dártelo para que lo gastes en lo que quieras.

            Ella se atragantó con la comida ¡Darle dinero a ella, con lo mucho que lo necesitaban sus padres! No, no y no.  Negó frenéticamente cuando su madre le entregó el dinero. Cuando por fin recuperó el habla, contestó:

            -Mamá, no puedo aceptar esto, lo sabes- miró a su madre a los ojos- vosotros lo necesitáis más y no me voy a quedar con ellos. Por favor, cójelos.
            - No, Mitchie, sé que nos quieres mucho, pero has hecho muchos sacrificios por nosotros. Queremos que los cojas y los gastes tú, en lo que quieras. Por favor.
 
              Mitchie sabía que cuando su madre insistía no había marcha atrás, Ariadna siempre ganaba cuando se proponía algo.

              -Gracias -agradeció ella después de abrazar a sus padres.

               Volvió corriendo a su habitación y cambió su sudadera gastada por la mas nueva que tenía, al igual que sus pantalones y zapatos. Al acabar, ella caminó sonriendo hasta el pequeño salón donde estaban sus padres. Les avisó que se iría a comprar y que luego volvería.
   
             Salió de casa y cogió su bicicleta. Andando tardaría mucho más. Pedaleó hasta llegar al centro del pueblo donde estaban las tiendas y dejó la bicicleta.

             En la primera tienda, compró otras gafas más nuevas. En la segunda, se apuntó a clases de boxeo y pagó anticipadamente. Cuando iba en la tercera tienda, cambió su pelo rubio y soso por uno negro con mechas rojas que le sentaba muy bien.

             Cuando ya llevaba horas y horas de tienda en tienda, Mitchie fue hasta un pequeño bar que le parecía barato. Al entrar, se sorprendió al ver un chico de su edad detrás de la barra.

             El chico era más alto que ella, pero no demasiado. Su pelo era negro azabache, pero al frente tenía una mecha rubia. Sonreía a cada cliente que entraba, enseñando sus perfectos y blancos dientes alineados. Era delgado, pero bajo su camisa blanca se notaban sus músculos. Sus pantalones negros típicos de camareros se ceñían perfectamente a su cintura. Era, sencillamente, sexy.

           -Hola, preciosa -le saludó el chico, sonriendo- ¿que deseas tomar?
           -Hola- contestó ella devolviendo la sonrisa- Um, pues no sé, es la primera vez que vengo aqui. ¿Que me recomiendas?
            -Pues el Capuccino está muy bien. Es un café que preparamos aqui.
            -Entonces, el Capuccino -dijo la chica.

             El camarero se fue a preparar el pedido de Mitchie. Ella observó el pequeño bar. Tenía mesas esparcidas por toda la habitación. En total, eran 5. Y solo 2, contando la suya, estaban ocupadas. Eso a ella le extrañó, pues parecía un sitio acogedor y bonito como para que la gente no entrase.

              "Mejor para mi" se dijo "Volveré a este sitio más veces, será mi pequeño secreto"

               Y, cuando el camarero volvió, se llevó la mejor sorpresa de su vida al ver su Capuccino.
             
                Sonrió tiernamente al camarero al verlo y volvió a bajar la vista a su café. ¡Era impresionante! ¿Como sería posible hacer esa forma con la simple espuma de un café? La sonrisa no se quitaba de la cara y, cuando vió que el chico se sentaba al lado suya, sonrió aún más.
   
               -Como no hay mucha gente...-se excusó él- espero que no te moleste.
               -Para nada - contestó ella.
               -Por cierto, no me presenté, me llamo Adam, ¿y tu?
              -Mi nombre es Mitchie.
              -Bonito nombre -afirmó haciendo que ella se sonrojara.
              -Gracias -susurró de vuelta mirando a otro lado.
              -Estás mucho mas hermosa cuando te sonrojas - añadió.

            Mitchie bajó la cabeza y reprimió una sonrisa. Era la primera vez que le decían eso. Siempre que le hablaban era para insultarle y burlarse de ella.

            Adam estiró la mano para alcanzar la cara de Mitchie y cuando lo hizo, acarició la mejilla de ella, hasta bajar por su mentón y lo levantó, para que ella le mirara a los ojos.

           Cuando la chica levantó la vista y vio al camarero, se quedó embobada al ver el color café que tenían sus ojos. Eran mágicos, no podía quitar la vista de ellos.

           Se quedaron minutos en silencio observando los ojos de ambos cuando un cliente entró por la puerta. Adam se disculpó de ella con una sonrisa y se fue a atender al cliente.

          La muchacha aprovechó para poder tomar su café tranquilamente y, cuando lo acabó, se levantó de la silla y dejó el dinero en la barra, pues Adam se encontraba atendiendo a dos muchachas que acababan de entrar.

         Mitchie echó un último vistazo a Adam que abrazaba a la chica y, después, ella salió por la puerta sin ni siquiera despedirse del chico.

        Volvió a casa, un poco decepcionada, pero ni ella misma sabía por que. Se sentía extraña y no dejaba de pensar en Adam, pero, ¿porque?

         -¡Hija!- le dijo su padre al verla -¡menudo cambio has dado! Estás mucho mas guapa.
         -Gracias, papá- contestó ella- ¿donde está mamá?
         -En la cocina, preparando algo de merienda, ¿le digo que quieres algo?
         -No, muchas gracias. Si me necesitáis estaré en mi habitación.
     
         Volvió a su habitación y dejó todas las bolsas a ambos lados de la cama, luego lo colocaría. Se tumbó en ella, pensando en el camarero y sus ojos cafés que tanto le gustaban, Sonrió al recordar el café, pero su sonrisa se borró al acordarse de la chica que,antes de que ella se fuera, Adam había abrazado. Eso le molestaba, y mucho, pero no podían ser celos... ¿Verdad? Porque, en verdad, solo habia pasado.. ¿Que? ¿10 minutos con él? Además, ella no creía en eso del "amor a primera vista". O eso pensaba ella...

        El día siguiente llegó, y con él otro día de clases. Mitchie se vistió con su ropa nueva que consistía en una camiseta de asas blanca con mostachos negros. Sus vaqueros pitillos y unos nuevos tacones no muy altos blancos. Se sonrió a si misma en el espejo y prometió que a partir de ese día no dejaría que alguien la insultase. Fue al pequeño baño continuo a su habitación y me maquilló levemente. Al acabar, bajó las escaleras, agarró su nueva mochila y la chaqueta de cuero. Se despidió de sus padres y fue al instituto, como todos los días.

      Al llegar, sintió todas las miradas clavadas en ella mientras caminaba elegantemente por el pasillo. Caminó con la cabeza alta hasta llegar a su taquillera. Cogió los libros de la primera clase y, al cerrar la taquilla, se encontró con el chico más popular del instituto observándola apoyado en la taquilla de al lado.

      -Hey, preciosa -le dijo- ¿tu quien eres?
      -Ohh- se hizo la sorprendida ella- ¿no lo sabes? -él negó con la cabeza- soy Mitchie, la misma que el otro dia humillaste, ¿te acuerdas ahora?

       El chico se sorprendió y abrió la boca, dispuesto a decir algo, pero la volvió a cerrar. Eso acababa de humillar a su ego de macho. Mitchie sonrió triunfante antes de darse vuelta y darle con su pelo en toda la cara al muchacho. Parte de las personas que acababan de escuchar los sucedido la victorearon mientras ella, feliz, se fue a su próxima clase.

      -Has sido muy valiente al dar la cara y conseguir tu puesto -le dijo una chica cuando estaba en clase.

       Mitchie sonrió a la chica. Ella era bajita, delgada y rubia. Tenía unos ojos verdes impactantes y una bonita sonrisa.

      -Gracias -contestó feliz.
      -Te admiro por lo que has hecho - le volvió a hablar la chica.
     
      Mitchie se rió antes de contestar con un "no fue para tanto".

      -¿Que no fue para tanto? Todo el mudo habla de "la chica que rechazó a Kenedy" -dijo haciendo comillas con sus dedos en el aire.
      -Bueno - habló ella -en verdad se lo merecía. Mi nombre es Mitchie, ¿el tuyo?
      -Amy.
      -Bonito nombre -contestó sonriendo.

         La muchacha sabía que de ahí saldría una bonita y gran amistad.

          La tarde llegó y, por fin, Mitchie salió del instituto con su mayor sonrisa. Había sido un gran día. Sin insultos y burlas. Solo ella y Amy, divirtiéndose en todas las clases.

          Llegó a casa y cuando encontró a sus padres, besó a cada uno en la mejilla y comió feliz con ellos, hablando de todo.

          -Hija, ¿estas bien? -preguntó Ariadna un poco preocupada.
          -Claro, mamá, ¿por que no debería estarlo? -cuestionó su hija.
          -Nada... Simplemente tu cambio y no solo físicamente, si no también emocionalmente. Estás mucho mas alegre y sociable que otros días.
          -No te preocupes, simplemente es que he conocido a una chica en el instituto y me llevo muy bien con ella y , pues como ella es muy alegre, me contagió.
          -Me alegro, hija- le dijo su padre.

         Al acabar de comer, Mitchie se levantó de la mesa, besó la mejilla de ambos padres y fue a su habitación para hacer los deberes.
 
        Cuando acabó, decidió salir a dar una vuelta e ir de nuevo al bar. Deseaba ver a Adam. Se despidió de sus padre y caminó hasta llegar al bar. Al llegar, se sentó en el mismo sitio que la última vez.

       -¡Mitchie! -dijo la voz de Adam.
     
        Ella se giró para contemplar al chico que le sonreí y corría hacia ella desde la otra punta del bar. La muchacha se levantó y correspondió al abrazo que el chico le daba.

        -Ayer te fuiste -le susurró en el oído- y no pude despedirme de ti. Pensé que nunca mas te vería. Por cierto, te tengo que presentar a alguien muy importante en mi vida.

        Mitchie se derrumbó interiormente, pero intentó que no se notara con una sonrisa.

        Adam se fue y, pocos minutos después, volvió agarrando a la misma muchacha de ayer por la mano.

       -Leila -las presentó- esta es Mitchie. Mitchie, esta es Leila, mi hermana.
       -Encantada de conocerte, Michie -le dijo la hermana del muchacho- Adam me ha hablado mucho de ti y tenía razón. Eres hermosa.
     
          Ella sonrió y bajó la mirada al suelo, sabiendo que se acababa de sonrojar. Sintió la risa de Leila y la miró.
          -¡Aún más cuando te sonrojas! -anadió.
          -Gracias- susurró ella.

           Leila y Mitchie se llebaban muy bien, las dos eran muy simpáticas y extrovertidas, solo que Mitchie era un poco tímida al principio. Adam sonreía la ver que su hermana y ella se llevaban bien. Era lo que necesitaba para lo que quería hacer.

          Cuando la chica estaba a punto de salir por la puerta, escuchó la voz del camarero reclamándola y volteó para verlo caminado hacia ella. Al estar cerca, el chico la miró a los ojos y dijo las palabras que le cambiarían la vida a Mitchie por siempre.

         -Ayer se me olvidó decirte que me he enamorado de ti.

         Y, siguiendo un impulso, la chica hundió los dedos en el cabello del chico y lo atrajo hacia ella. Cuando lo besó en los labios, él dejó escapar una exclamación de sorpresa. Pero instintivamente rodeó su cintura con los brazos y la estrechó contra su cuerpo.

        -Adam- susurró ella cuando se separaron; por algún motivo, su nombre, le parecía mágico.
        -Te quiero- le susurró él de vuelta.